Oradora: Querida Estelita, me da mucho gusto saber de usted, recibir su saludo, su abrazo y me alegra que esté bien. Ojalá que podamos vernos cualquier día, le digo que de corazón estoy poniendo mi granito de arena en esta tarea, pero venirme y dejar a Clebia ha sido algo muy duro, pero confío en Dios que muy pronto la volveremos a ver libre. Antes de narrarle lo que quiero le ruego que usted se cuide mucho, no sabe cuánto lo deseo. El caso con su papá es el siguiente, cuando la Cruz Roja Internacional visitó a la compañera, cuando todavía se encontraba en la celda de la PM, ella se identificó con su propio nombre y les dijo quién era su padre, dio su número telefónico para que le avisaran, cosa que Don Rafael atendió al instante. Según platicamos, él estaba tan afligido y desesperado cuando no se sabía nada de ella. Ya puede usted imaginarse lo que uno pensaba, sabiendo lo bruto que son los animales. Quiero que sepa que estos comentarios los hicimos varias veces cuando la visitamos, también él decía que ustedes lo habían hecho sufrir mucho, las buscaba incesantemente por todas partes sin lograrlas ver. Me contó cómo en dos ocasiones había logrado ver a Clebia, pero a usted no, por lo que deseaba verla, porque siempre ha tenido la esperanza y allí se refería a las dos, de volverlas a ver y vivas. Clebia también afirmó lo que él decía, me decía que a ustedes se les había pasado la mano con él. Habían sido muy duras, con lo que él se sentía bastante mal. Ahora lo que le planteaba a Clebia era que si era posible verla a usted, que él asumiría los gastos, y si fuera hasta posible, los suyos, para verse en algún lugar, pero como nunca se logró comunicarse con usted, así quedó. Lo que después sucedió fue que Clebia en un momento se sintió con temor por la seguridad de él, de su papá, y decidió decirle primero que se fuera del país y se integrara en alguna tarea. Él estuvo de acuerdo y hasta dijo que por lo menos su casa, donde iría a vivir, podría servir. Todo esto lo supe porque ella me lo contó para decirme que ella nada podía hacer. Ella deseaba la seguridad de su papá, pero que se encontraba presa y lo único que le recomendaba era que tratara de buscarla a usted para ver si podía ayudarlo. Yo me tomé la libertad de informárselo a Dalia, no sabía qué otra cosa hacer y me dolía mucho saber que ella nada podía hacer, por lo que le pido que me comprenda si hice mal. La resolución de Dalia fue de que ella buscara algún mecanismo para entrevistarse con Don Rafael, pero como ese día que yo le llevé la razón, era el último día que yo la veía. No sé cómo arreglarían, porque también este mismo día sucedía que ella por su misma preocupación de la seguridad de Don Rafael, la visita anterior le dijo que ya no llegara a verla, porque le podía suceder algo. Lo que fue otro golpe para Don Rafael muy duro, se fue muy triste, no sabe cómo. Yo fui testigo de eso, ya que hasta cierto punto él se sentía feliz, verla mañana y tarde, los domingos y los jueves por la tarde, que eran los días de visita. Así es que este día ya no lo vi, porque él no llegó, solamente había llegado la señora, la esposa de él, con la que platiqué y le dije que no tomara las cosas tan trágicas, porque se habían preocupado mucho, porque él se imaginaba que en vez de estarle haciendo bien, quizás le estaba haciendo mal. Fue que yo le dije que las cosas tal vez no eran así, porque el caso era que si empezaban a destruir a los parientes de usted, el enemigo se tenía que verse también con sus parientes. La señora dijo que eso no lo habían pensado y que platicaría con él para que volviera a visitarla. A mí se me informa hoy, estos días, que está bien. Es lógico, aunque yo lo creo, porque le contaré un poquito de cómo está. En el sentido de salud y siempre ella optimista, porque se mantiene muy risueña y está bien gorda, porque nosotros del mercado le llevábamos muchas cositas, que yo creo que por eso no me preocupo, porque la misma gente se quedaba encargada de hacer lo mismo. La irían a visitar constantemente y siempre llevándole mis saludos, porque no hay otra cosa más. Aunque al momento de despedirnos, ya puede usted imaginarse cómo nos sentimos. Solamente Estelita, lo que sí le quisiera, verla a usted para ver si podríamos platicar un poco más ampliamente y que sepa tal vez algunas cositas que en estos momentos se me olvidan de ella. Lo que voy a repetirle, que se me olvidaba, es lo de su papá, que si usted pudiera verlo en algún lugar, mejor dicho, en algún país, se lo comunicara. Yo creo que eso a ella le haría bien, como también a Don Rafael, ya que él, si es cierto que en una época él fue distinto con ustedes, pero ahora está totalmente cambiado. También le quiero decir que le llegaba a visitar bastantes parientes de ustedes, así como llegaba él, la señora, su hermanita pequeña y unos tíos. Una esposa de su tío y mucha gente, casi no pasaba sola los días de visita. Estelita, no es todo, fíjese. Después de haberle grabado hace quizás una media hora, le trajeron carta de Clebia, donde me da mucha alegría y a la vez, ya puede usted imaginarse, tristeza, porque no es lo que yo quisiera, pero me alegra que ella me dice que está bien. Como lo que le decía, ella confirma en su cartita. También esta cartita se la hago llegar a usted con Neto, para que la vea y se acuerda una mejor idea de cómo se encuentra ella. Por otra parte, también se me había olvidado, ya que hablar de ella me pongo un poco irónica, no sé cómo decir, me olvidaba hasta de decirle que me saludara a todos los compañeros, en especial al compañero Villalobos, que le dijo que hasta la venida de aquí, me di cuenta que quién era, yo decía que no lo conocí. Por eso le decía que así no era todo porque la cartita tenía que agregársela, de que ahí le va para que la lea y que también usted mande alguna cartita o lo que usted crea conveniente. Tenemos unas compañeras muy buenas, muy dulces para pasarle las noticias o lo que se le manden allá a la compañera. Ya ve, ella misma lo está manifestando, que son mucha gente las que llegan a verla, de manera que no sé ni qué decirle. En estos momentos me siento bastante emocionada de saber algo de ella, ya que sentía mucha tristeza porque, como le había dicho antes, solo me decían que estaba bien. También le cuento de que en esta bolsita no he recibido solo la cartita de ella, un puño de cartas, de mis hijos y de alguna otra gente. Le repito que se cuide mucho y que me salude a toda la gente que se encuentra por ahí. Hasta luego Estelita, y como siempre, la promesa de que tal vez nos podamos ver algún día. [ruido de fondo] [ruido de fondo] File name: mupi_rv_19810528_A.mp3 1